domingo, 5 de agosto de 2012

Almas gemelas.

Para vuestra alegría, vuelvo a traeros algo que no es mío, sino de un maestro de las letras, el gran Paulo Coelho. Después de leerlo no me quedaba más opción que compartirlo. Una visión del amor preciosa, utópica, a la misma vez que realista. Porque además del azar, intervienen nuestras decisiones, el libre albedrío nos gobierna, y nuestra actitud ante la vida es el timón de nuestra existencia. Así que, jamás perdáis la esperanza, que nunca os domine la desesperación y el hastío. Todos tenemos un alma gemela, y está ahí fuera (sí, como la verdad en Expediente X).


“…En ciertas reencarnaciones, nos dividimos. Así como los
cristales y las estrellas, así como las células y las plantas,
también nuestras almas se dividen.

Nuestra alma se transforma en dos, estas nuevas almas se

transforman en otras dos, y así en algunas generaciones,
estamos esparcidos por buena parte de la tierra.

Hacemos parte de lo que los alquimistas llaman el ANIMA MUNDI,

el Alma del Mundo.

En verdad, si el ánima mundi se limitara a dividirse, estaría

creciendo pero también quedándose cada vez más débil. Por eso,
así como nos dividimos, también nos reencontramos.
Y ese reencuentro, se llama Amor.

Porque cuando un alma se divide, lo hace en dos partes y en cada vida, tenemos una misteriosa obligación de reencontrar por lo menos, una de esas Otras Partes…

…- ¿Cómo es posible reconocer a la Otra Parte? -


Corriendo riesgos. Corriendo el riesgo del fracaso, de las

decepciones, de las desilusiones, pero nunca dejando de Buscar
el Amor.

Quién no desista de la búsqueda, vencerá.


…Somos responsables de reunir nuevamente, a la Otra Parte

que se cruzará en nuestro camino.

Aunque sea por unos instantes siquiera; porque esos

instantes traen un amor tan intenso que justifica el resto de
nuestros días.

También podemos dejar que nuestra Otra Parte siga adelante,

sin aceptarla o siquiera percibirla.
Entonces necesitaremos más de una encarnación para
encontrarnos con ella.Y, por causa de nuestro egoísmo, seremos condenados al peor suplicio que hemos inventado para nosotros mismos:
  ¡La soledad!

Paulo Coelho




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