No me apetece escribir, nada en absoluto,
la apatía me consume, me destruye poco a poco.
La pereza me estrangula, me roba el aliento,
me quita la vida.
Pero necesito mi reconocimiento,
esa gloria soberbia que merezco,
porque valgo más que la mayoría,
soy mejor que tú,
y todos esos halagos deberían ser míos,
tus aduladores codiciosos de cariño,
deberían de ser míos,
el amor que te profesan
el tiempo que se te ha dado,
debería de ser mío.
Todo lo quiero, nada poseo.
Envidia lacerante que reduces la felicidad a cero.
Generosa avaricia que me quemas por dentro,
recorres mi cuerpo,
como cuchillas de fuego que desgarran
la carne, el alma , el pensamiento
destruyendo el amor y generando odio,
devorando con gula ese rescoldo de humanidad que me quedaba.
La ira me engulle, su canibalismo me hace enfurecer,
me convierte en un mostruo destructor.
Pero nada de esto merece la pena,
es pasión perdida, fuerza desaprovechada.
Así que abandónate al deseo,
entrega tu alma a la carne, y déjate envolver por la lujuria .
Que el fuego devore tu cuerpo,
y no de odio, sino de placer.
Peca para vivir, y nunca morirás.
Sé un devoto de la vida.

No nos queda más remedio que dejarnos llevar por los pecados tarde o temprano. Asumir su existencia y saber jugar con ellos nos hace descubrir otros matices, otras formas de jugar con nuestra vida. Negarlos es querer negar una parte subconsciente de nosotros mismos.
ResponderEliminarMagnífico texto, me ha encantado en particular. Me despiertan muchas ideas en la cabeza leyéndolo.
Muchísimas gracias, si he despertado tu imaginación por un momento, me doy por satisfecha. Ese es mi objetivo, remover almas, aunque solo sea un poquito.
Eliminar